Costa Rica no tiene una tradición vitivinícola.
No hay viñedos históricos. No hay un vino que las familias hayan pasado de generación en generación. No hay una región que el mundo asocie con nuestro nombre.
Y sin embargo, hay personas que llegan a la vinoteca como niños.
Se quedan viendo las botellas, las etiquetas, los colores, los nombres, los países… y casi siempre la primera pregunta no es sobre una uva, una región o una añada.
La primera pregunta suele ser mucho más sencilla:
"¿Por dónde empiezo?"
Y la verdad es que esa pregunta lo resume todo.
En Costa Rica, el vino existe. Claro que existe. Tenemos acceso a vinos de muchos países, estilos, precios y calidades. Pero eso no significa necesariamente que exista una cultura del vino profundamente arraigada en la vida cotidiana.
Muchas personas han probado vino.
Pero no siempre lo han entendido.
No siempre lo han disfrutado.
Y muchas veces, su primer recuerdo no fue bonito.
Un vino demasiado fuerte.
Un vino servido a una temperatura incorrecta.
Un vino elegido solo porque la etiqueta era bonita.
Un vino que no iba con el momento, ni con la comida, ni con la persona.
Y entonces aparece una frase que escucho mucho:
"No me gusta el vino".
Pero con el tiempo he aprendido que, muchas veces, el problema no fue el vino.
Fue la experiencia.
El vino también necesita una primera oportunidad
Cuando comenzamos con CAVA Vinoteca, yo tampoco venía de una historia perfecta con el vino.
No crecí entre viñedos.
No nací en una región productora.
No tenía un lenguaje técnico aprendido desde siempre.
Llegué al vino con curiosidad, con muchas preguntas y con la necesidad de entender qué tenía frente a mí.
Al principio, una etiqueta podía sentirse como otro idioma.
Un país, una uva, una región, una denominación, una cosecha, una forma de elaborar… todo parecía estar diciendo algo, pero había que aprender a escucharlo.
Y quizá por eso conecto tanto con las personas que entran a la vinoteca por primera vez.
Porque entiendo esa sensación.
Entiendo cuando alguien no sabe qué preguntar.
Entiendo cuando alguien tiene miedo de decir algo "incorrecto".
Entiendo cuando alguien piensa que el vino es para otras personas, para otros momentos, para otros lugares.
Pero no debería ser así.
Una vinoteca como espacio de confianza
Para mí, una vinoteca no debería ser un lugar intimidante.
Debería ser un espacio donde una persona pueda decir:
"No sé nada de vino, pero quiero aprender".
Y que esa frase no suene como una debilidad, sino como el mejor punto de partida.
En CAVA Vinoteca, muchas conversaciones empiezan así.
Alguien entra buscando un regalo.
Alguien quiere llevar una botella a una cena.
Alguien quiere probar algo diferente.
Alguien tuvo una mala experiencia y quiere darle otra oportunidad al vino.
Entonces la conversación no empieza con tecnicismos.
Empieza con preguntas simples:
¿Qué le gusta tomar normalmente?
¿Lo quiere para usted o para regalar?
¿Con qué comida lo va a acompañar?
¿Prefiere algo fresco, suave, intenso, dulce o seco?
¿Quiere algo seguro o quiere descubrir algo nuevo?
Ahí empieza la educación.
No desde una clase.
Desde la conversación.
Construir cultura no es complicar el vino
A veces creemos que construir cultura del vino significa hablar más difícil.
Usar palabras más técnicas.
Demostrar cuánto sabemos.
Pero yo lo veo al revés.
Construir cultura del vino es hacer que una persona se sienta cómoda acercándose.
Es quitarle el miedo a preguntar.
Es permitirle probar sin juzgar.
Es explicarle lo necesario sin saturarla.
Porque si una persona se siente intimidada, no vuelve.
Y si no vuelve, no hay cultura que construir.
El vino puede ser complejo, sí.
Tiene historia, geografía, clima, suelo, manos, tiempo y decisiones detrás de cada botella.
Pero no todo eso debe caer sobre el consumidor en el primer minuto.
A veces basta con decir:
"Este vino puede funcionar muy bien con lo que usted quiere preparar".
O:
"Este estilo es más amable para empezar".
O simplemente:
"Probemos algo distinto, pero sin complicarnos".
Costa Rica también puede vivir el vino a su manera
Construir cultura del vino en Costa Rica también significa entender nuestra realidad.
Nuestro clima.
Nuestra comida.
Nuestra forma de reunirnos.
Nuestra manera de celebrar.
No tenemos que copiar exactamente cómo se vive el vino en España, Francia, Italia, Argentina o Chile.
Podemos aprender de ellos, por supuesto.
Pero también debemos encontrar nuestra propia forma.
Aquí el vino puede acompañar una carne a la parrilla, una tarde con amigos, una celebración familiar, una comida sencilla o una conversación tranquila después de un día largo.
No todo tiene que ser perfecto.
No todo tiene que ser solemne.
No todo tiene que parecer una ceremonia.
A veces el vino se vuelve más cercano cuando deja de sentirse lejano.
CAVA Vinoteca como punto de encuentro
Por eso CAVA Vinoteca no nació solo como un punto de venta.
Nació como un espacio de encuentro.
Un lugar donde el vino se pueda mirar, preguntar, tocar, conversar y entender.
Una vinoteca puede ser como una biblioteca.
Solo que en lugar de libros, hay historias embotelladas.
Cada botella viene de algún lugar.
De una familia.
De una tierra.
De una decisión.
De una cosecha.
De alguien que hizo algo para que eso llegara hasta nuestras manos.
Mi trabajo, muchas veces, es ayudar a traducir esa historia.
Pero traducirla de una manera que tenga sentido para quien está frente a mí.
No para impresionar.
Sino para conectar.
La cultura empieza cuando alguien se siente parte
Para mí, construir cultura del vino no significa que todos tengan que saber mucho.
Significa que más personas se sientan invitadas.
Que alguien que antes decía "yo no sé de vino" pueda decir después:
"quiero probar algo nuevo".
Que alguien que solo compraba para regalar empiece a comprar para compartir.
Que una persona que tuvo una mala experiencia descubra que quizá solo necesitaba otra botella, otra temperatura, otro momento o una mejor guía.
Eso es cultura.
No ocurre de un día para otro.
Se construye copa a copa.
Pregunta a pregunta.
Conversación a conversación.
Es lo que también significa alejarse del elitismo que a veces rodea al vino.
Y quizá eso es lo más bonito de todo.
Porque el vino no necesita estar cerca del viñedo para cobrar sentido.
Necesita estar cerca de las personas.
La puerta siempre está abierta
Construir cultura del vino en Costa Rica es un proceso lento.
Copa a copa. Pregunta a pregunta. Persona a persona.
Pero cada vez que alguien entra a la vinoteca por primera vez y sale con un vino que le hizo sentido, algo cambia.
Si alguien quiere dar ese primer paso —o simplemente descubrir qué tipo de vino le hace sentido— eso es exactamente lo que hacemos en las catas de vino de CAVA.
La puerta está abierta.